martes, 10 de marzo de 2009

cuando llueva en el sol.


El día en que se apague el sol la luna será la reina, los poetas festejaran a su musa en la coronación de la noche, en la era de las estrellas. ¡Que la luz artificial se apague! y que la oscuridad apacigüe nuestra sed de vivir (o de no vivir) ¡Que la noche ilumine sin querer hacerlo! y que nuestros ojos, como los de los gatos, vean en la noche lo que jamás vieron en nuestros miles de días iluminados.
El día que no haya amaneceres ni atardeceres nos maravillaremos con aquello que jamás vimos, aquello que siempre estubo en nuestras narices y que nosotros, como cegados por la luz, nunca pudimos ver, la conciencia de nuestros cuerpos y de los que nos rodean serán la base de la estabilidad, conversaremos desde el alma sin prejuicios... sin prepercepciones superfluas.
El día en que se apague el sol te abrazaré con mis piernas y te miraré a los ojos a plena luz de la nada, bajo la luz que solo nosotros podemos proyectar el uno al otro , y estaremos así... así como siempre hemos querido estar... sin deberes, sin amaneceres en los que marcharse, sin despedidas desesperantes en las que quisiera que un beso durara exactamente millones de años, solo noches habrán, noches eternas de miradas inquebrantables, noches de recorrernos con nuestro humo que nos encanta entrelazar.

1 comentario:

Hache dijo...

Luciana, debo decirteque casi logras sacarme unas lágrimas de recuerdo por lo que yo quise alguna vez con Rayén. Creo que es lejos lo más bello que he leido en años y debes saberlo. Me ahogaré en cualquier momento... te felicito por las hermosas palabras plasmadas que no todo el mundo logra rescatar.

Te quiero y extraño.
Un beso.